La felicidad de la belleza

Durante mi viaje a Manhattan en el Express Bus una mañana, tuve la compañía y el placer de leer la edición de marzo de la revista Allure. Comencé leyendo la carta de la editora Linda Wells y me quedé perplejo ante esta frase llamativa, la “búsqueda de la belleza”. Linda explica que este fenómeno se parece mucho a la búsqueda del Sueño Americano. Es “un derecho a determinar y mejorar nuestro ser esencial, psicológica y físicamente… que trasciende el género, la clase, la raza, la edad y la orientación sexual”. Me dije a mí mismo: “¡Esto es tan cierto!” ¿Qué persona de hoy no quiere ser y sentirse bella? No hay duda de que nosotros, como seres humanos, somos muy sensibles a nuestras apariencias físicas y haremos cualquier cosa para ganar o mantener nuestra belleza personal. Nuestra insaciable necesidad de todas las cosas “belleza” demuestra que todos estamos en plena búsqueda y sin disculpas.

Según dictionary.com la belleza es “la cualidad presente en una cosa o persona que da placer intenso o da satisfacción profunda a la mente”. Este vínculo emocional con el placer explica por qué la belleza juega un papel tan importante en nuestras vidas. No podemos ayudarnos a nosotros mismos en presencia de cosas o personas que llaman a nuestra sensibilidad. La belleza física, aunque es una cuestión de gusto y opinión, también se caracteriza por las opiniones de la sociedad. En la mayoría de las culturas, la existencia de simetría o equilibrio es un factor determinante de la belleza porque sugiere la ausencia de “defectos” o “defectos”. El equilibrio facial, la tez, la forma y el tamaño del cuerpo, así como la juventud son todas las estandarizaciones de la belleza. La caracterización de la belleza, sin embargo, no puede ser entendida sin darse cuenta de que la belleza tiene otro lado – Uno que no es tan físico, sino más bien metafísico (un elemento más intangible). No podemos necesariamente verlo o tocarlo, pero su presencia es innegable. Dicho esto, no podemos excluir factores psicológicos como la personalidad, la inteligencia, la cortesía, la elegancia o el carisma como factores determinantes para reconocer la belleza.

A medida que investigaba más sobre esta manía por la belleza, me topé con algunos hallazgos muy interesantes. Para mi sorpresa, los investigadores han encontrado que poseer atractivo físico puede ser muy influyente en la vida de una persona. Alguien que es considerado bello es probable que obtenga mejores calificaciones, reciba mejor atención de sus médicos, reciba penas de prisión más leves y gane más dinero. Como si no tuviéramos suficientes problemas en el mundo de hoy, ahora sabemos que factores incontrolables como la belleza que Dios nos ha dado o la “falta de ella”, es sólo otra barrera social que añadir a nuestra lista. Lo reconozcamos o no, y lo hagamos consciente o inconscientemente, este tipo de “miramiento” ha plagado nuestra sociedad durante años y puede arrojar algo de luz sobre la profundidad de la superficialidad que existe en nuestro mundo actual.

Esta verdad desalentadora ciertamente afecta la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y a los demás. Las imágenes que vemos en la televisión también determinan lo que consideramos bello y es el motor de esta búsqueda de la perfección. Gastamos miles de dólares y tiempo insuperable comprando en línea o en los centros comerciales, comprando todo tipo de productos de belleza, haciendo citas de uñas, cabello, cara y botox, leyendo revistas de moda y tomando nota en particular de lo que nuestras celebridades favoritas llevan puesto, hacen y usan para mantenerse delgadas, jóvenes y sí, hermosas.

No olvidemos que hubo un tiempo en que todos estábamos desconcertados por las hermosas modelos y celebridades, que caminaban impecablemente por las alfombras rojas y flanqueaban las portadas de las revistas sin esfuerzo, o al menos eso parecía. Soñábamos con ser ellos y parecernos a ellos, pensando que habían nacido perfectamente de esa manera. Gracias a nuestra creciente obsesión por la vida de las celebridades, las descaradas e incontables invasiones de la privacidad a través de los reality shows, las redes sociales y la manía de “contarlo todo”, ahora no sólo tenemos la información y el conocimiento, sino también acceso a los que alguna vez fueron “top secret”, a veces extremos, potenciadores físicos.

No me malinterpreten, la “búsqueda de la belleza” no tiene que significar un viaje a un cirujano plástico, ni es una mercancía escurridiza accesible sólo a los ricos y famosos. Todos podemos ser físicamente hermosos! La multimillonaria industria de la belleza se ha asegurado de satisfacer todas nuestras necesidades de belleza bombardeándonos con una plétora de productos y servicios orientados a hacernos sentir y lucir más jóvenes y hermosos. Tenemos productos que nos hacen lucir más jóvenes, productos que hacen nuestra piel más suave, productos que hacen nuestros estómagos más planos, productos que hacen nuestros labios más rellenos, productos que nos dan el pelo más lleno, productos que hacen nuestras pestañas más largas y gruesas, estilistas, hilos de cejas, maquilladores, tendencias de moda que cambian cada temporada, adornos como pendientes, collares, tatuajes, sombreros, etc. Todos usamos estas cosas para realzar de alguna manera nuestra belleza y atractivo personal.

 

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